Antonio Gil Rupérez presenta un exhaustivo estudio genealógico del municipio tras cuatro años de trabajo en archivos civiles y eclesiásticos.
El proyecto, que comenzó como un árbol familiar, ha reconstruido los datos de 2.455 bautizos, 740 matrimonios y 1.696 sepelios de la localidad soriana.
El municipio soriano de Piquera de San Esteban acogió el pasado sábado la presentación de un exhaustivo proyecto de investigación genealógica que ha logrado recuperar la identidad y la memoria de 8.442 antiguos habitantes de la localidad a lo largo de los últimos cuatro siglos.
El autor del estudio, el investigador local Antonio Gil Rupérez, detalló que el trabajo comenzó hace más de cuatro años como un simple árbol genealógico familiar. Sin embargo, tras consultar de forma sistemática los registros civiles y eclesiásticos de diferentes archivos, la investigación se ha convertido en un censo histórico completo de esta villa de la Ribera del Duero, cuya población histórica nunca superó los 500 habitantes.
Hasta la fecha, Gil Rupérez ha revisado la totalidad de las actas de bautismo desde la actualidad hasta el año 1779, los matrimonios celebrados entre 1774 y 2023, y los registros de defunción desde 1804 hasta los meses más recientes. Los datos actuales del proyecto reflejan la reconstrucción documental de 2.455 bautizados, 740 matrimonios y 1.696 personas enterradas en el cementerio municipal.
El fondo documental del Archivo Diocesano de El Burgo de Osma ha sido la fuente principal de la investigación. Este fondo alberga los libros sacramentales de la Iglesia de San Juan Evangelista desde 1605, año en el que la Diócesis de Osma asumió la obligación de registrar todos los sacramentos tras las directrices del Concilio de Trento. Todavía quedan libros pendientes de revisar.
El origen de este proyecto se remonta a 2011, cuando Antonino Gil, padre del investigador, comenzó a listar de manera informal los nombres, apodos y viviendas de los vecinos que conoció en su juventud. Esta base documental sirvió de punto de partida para el desarrollo científico posterior.
«Me gustaría que, dentro de cien años, cuando alguien quiera saber quiénes fueron los piquereños de nuestro tiempo, pueda encontrarlos. Que ningún nombre vuelva a perderse», concluyó Gil Rupérez durante la clausura del acto.




