Toda una vida al servicio de Almazán donde trabajó como herrero y posteriormente desarrolló su labor como policía municipal
La Diputación provincial de Soria ha homenajeado en su centenario a Antonio Muñoz Hernández al que el diputado de zona, José Antonio de Miguel Nieto, le ha hecho entrega de la placa conmemorativa y del pergamino que contiene su acta de nacimiento. Por su parte el ayuntamiento de la villa adnamantina se ha sumado al homenaje con la entrega, por parte de la concejala de Servicios Sociales, Ester Prieto, de un ramo de flores en nombre de toda la corporación.
Al emotivo acto ha asistido la familia la completo, con sus cuatros hijos y sus cónyuges, siete nietos y cuatro bisnietos, además de sobrinos desplazados desde Galicia, que no han querido perderse el cumpleaños tan especial.
Antonio Muñoz Hernández nació en Almazán el 3 de mayo de 1926, en el seno de una familia numerosa formada por cinco hermanos. Su infancia estuvo marcada por la sencillez y los valores tradicionales, y siempre recordó con especial cariño su paso por la escuela de Don Martín, donde cursó sus estudios hasta alcanzar la mayoría de edad.
Siguiendo los pasos de su padre, que era herrador, Antonio comenzó a trabajar desde joven en el negocio familiar. Aquellos años forjaron no solo su oficio, sino también su carácter: constante, responsable y profundamente comprometido. Sin embargo, los cambios derivados de la industrialización provocaron el cierre del negocio, un momento decisivo en su vida. Fue entonces cuando el alcalde de la localidad le ofreció la oportunidad de incorporarse como policía local, profesión en la que continuó demostrando su vocación de servicio.
En 1957 falleció su padre, una pérdida significativa que marcó profundamente a Antonio. Al año siguiente, en 1958, contrajo matrimonio, iniciando junto a su esposa una vida en común basada en el trabajo, la dedicación y la solidaridad. Además de su labor como policía, ambos gestionaron un almacén de piensos, contribuyendo al sustento familiar con esfuerzo y constancia.
De su matrimonio nacieron cuatro hijos, y con el paso del tiempo la familia creció hasta contar con siete nietos y cuatro biznietos, que han sido y siguen siendo una de sus mayores alegrías.
La vida de Antonio ha estado profundamente marcada por su entrega a los demás. Más allá de su labor profesional, colaboró activamente con organizaciones como Cáritas y Cruz Roja, dedicando su tiempo y energía a quienes más lo necesitaban. Asimismo, participó en la Medalla Milagrosa, donde ejerció como tesorero junto a su esposa.
Su compromiso social y religioso comenzó incluso antes de su matrimonio, formando parte de los Caballeros de San Vicente de Paúl. Posteriormente, continuó su implicación en la Adoración Nocturna, manteniendo siempre una fe firme y constante.
Hombre profundamente devoto, Antonio dedicó también muchos años a la formación espiritual, asistiendo a cursos de cristiandad hasta los 85 años. Su vida es un ejemplo de entrega, humildad y servicio, guiada siempre por unos sólidos principios y una profunda vocación de ayuda a los demás.
Ha sido una persona muy activa en todos los niveles y su viaje favorito fue a Tierra Santa debido a los valores que guían su vida.
Actualmente, sigue viviendo en su casa porque goza de buena salud y muy buena memoria.







