Los ciclistas del canal de Youtube “La Historia en Bicicleta”, Carolina Muñoz y Carlos Rubio, pedalean por Soria para encontrarse con la cuna del Cantar del Cid en el monasterio de Santa María de Huerta, y recorren algunos de los castillos que vigilaban la frontera entre Castilla y Aragón. La ruta transcurre a lo largo del río Jalón por las localidades de Somaén, Arcos de Jalón, Montuenga de Soria y Santa María de Huerta.
En Somaén, en medio de las hoces excavadas por el río Jalón, se detienen en este espectacular paisaje para hablarnos del nacimiento neolítico de la “Cueva de la Mora”, uno de los más antiguos de Europa. Sobre esta cueva, nos cuentan, la leyenda que existe de una mora cautiva que custodia un tesoro y cuyo origen podría ser un antiguo mito prerromano. En Somaén además nos muestran su castillo, así como las calles y casas de esta localidad primorosamente conservada.
La siguiente parada es en Arcos de Jalón. Desde su mirador, al pie del castillo, nos hablan de su interesante técnica constructiva y nos narran la doble función que tenía, por un parte servía para vigilar las incursiones aragonesas y, por otra parte, controlaba el acceso a los cañones del río Jalón. Desde aquí además podemos apreciar la evolución de esta villa, su parte antigua, con calles estrechas y casas de poca altura, y la zona moderna que se extiende hacía la estación de ferrocarril.
De camino hacia Montuenga de Soria, Carolina y Carlos, hacen una pequeña parada junto a la localidad de Aguilar de Montuenga para hablarnos de su antigua atalaya islámica y del yacimiento celtíbero descubierto en sus proximidades.
Ya en Montuenga de Soria, después de un pequeño paseo por sus calles, se detienen a los pies de su soberbio castillo que fue testigo de innumerables combates, primero entre moros y cristianos, después entre castellanos y aragoneses y, por último, entre los partidarios de Pedro I de Castilla y Enrique II de Castilla.
Nuestros ciclistas continúan su ruta hacía el castillo de Belimbre del que solo quedan algunos restos. En medio de un paisaje desolado y evocador nos cuentan la triste leyenda de la “Mancha Roja” que también podría ser un mito ancestral, al igual que la leyenda que nos han contado de la “Cueva de la Mora”.
El final de este recorrido es el monasterio de Santa María de Huerta, donde nos enseñan gran parte de los tesoros que este cenobio encierra: sus claustros, refectorios, etc., así como el retablo de su iglesia en la que están enterrados los dos personajes más importantes asociados a este lugar, el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, y San Martín de Finojosa, que durante 20 años fue abad de este monasterio.
Sobre esta última figura Carlos Rubio nos cuenta que, según sus investigaciones, Martín de Finojosa, fue autor del poema épico conocido como “Cantar del Cid” junto con el también abad del monasterio, Pedro de Huerta, el famoso “Per Abat” del Cantar.




